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Iniciado por Leslie Anderson, 03 de Junio de 2026, 12:33:48 pm

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Leslie Anderson

Civil
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Leslie, nacida y criada en Las Venturas, hija de Amanda Robinson y Jacob Anderson. su familia siempre tuvo un buen pasar economico, estudio en las mejores escuelas y siempre tuvo un entorno social sano, todo cambio al llegar a la universidad donde al no estar bajo la mirada de sus padres se tomo algunas libertades, conocio gente que no le interesaba estudiar y solo salia de fiesta, poco a poco fue perdiendo el interes por los estudios, sus notas bajaron y su vida empezo a ser un caos.
Tras dos semestres abandono la universidad y se mudo a Los Santos con un chico, le parecio buena idea forjar su propio camino... a los 21 años se independizo y se fue a vivir con ese chico, tardo muy poco en darse cuenta que era un imbecil y decidio seguir descubriendo la ciudad sin el, era un estorbo.
Luego de conseguir un trabajo mediocre junto el suficiente dinero para comprar un camion con el cual realizaba trabajos particulares desde la central de Blueberry.
Una tarde como cualquier otra, estaba por comenzar su jornada laboral y se encontro a un chico, o es lo que ella pensaba que era, un simple chico, un idiota como todos los otros que habia conocido, pero no era un chico, era un hombre. su nombre era Andrew. Digo era porque en la actualidad ella no sabe si el sigue con vida...
Dia tras dia Leslie y Andrew fueron forjando una gran amistad, el le mostro el lado "Oscuro" de Los Santos, le mostro los negocios ilicitos en pocas palabras comenzaro a hacer mucho dinero, poco a poco fueron escalando en una organizacion criminal la cual Andrew ya era parte, paso poco tiempo para que su banda le tomase confianza a Leslie.
La cantidad de dinero que hacian ilicitamente no daba abasto para lavarlo, cientos de miles de dolares se estaban acumulando y no habia forma de lavarlo, mas de 40 territorios controlaba la banda delictiva. Leslie tenia una idea para lavar ese dinero.
Durante semanas observó la ciudad con otros ojos.
Ya no veía únicamente calles, negocios o personas; veía oportunidades. El dinero ilegal llegaba constantemente desde distintas actividades de la organización y permanecía inmóvil, acumulándose como un problema cada vez más grande. Cuanto más crecía la banda, más difícil resultaba justificar semejantes cantidades de efectivo.
Una noche, reunida con Andrew y varios de los miembros más importantes del grupo, expuso su plan.

No propuso casinos clandestinos ni operaciones extravagantes. Su idea era mucho más simple y, precisamente por eso, más efectiva. Utilizarían empresas reales.

Comenzaron adquiriendo una pequeña empresa de transporte que atravesaba dificultades económicas. Nadie sospechó nada. Después compraron un taller mecánico, un depósito logístico y un par de locales comerciales en distintas zonas de la ciudad. Sobre el papel, todos eran negocios legítimos. Generaban ingresos auténticos, empleaban trabajadores reales y pagaban impuestos.
El dinero ilícito empezaba a mezclarse con los movimientos de esas empresas hasta volverse cada vez más difícil distinguir su origen. Andrew quedó impresionado.
Mientras muchos miembros de la organización pensaban únicamente en la calle, Leslie comprendía que el verdadero poder se encontraba en las oficinas, los contratos y las cuentas bancarias. Poco a poco comenzó a participar en reuniones importantes y a tomar decisiones estratégicas. Su opinión empezó a tener peso.
Con apenas veinticuatro años poseía más influencia de la que había imaginado cuando abandonó la universidad.

Sin embargo, el crecimiento trajo nuevos problemas.

La organización había logrado expandirse demasiado rápido. Los antiguos líderes, que años atrás compartían los mismos objetivos, comenzaron a tener diferencias. Algunos querían seguir aumentando el control territorial. Otros preferían consolidar lo que ya tenían. Había quienes consideraban que el dinero era suficiente y quienes nunca parecían estar satisfechos.
Las discusiones se volvieron frecuentes pero Andrew intentaba mantener la estabilidad interna, pero cada vez resultaba más complicado. Leslie observaba cómo las alianzas cambiaban constantemente. Personas que durante años habían trabajado juntas ahora desconfiaban unas de otras.

La tensión aumentó cuando una organización rival comenzó a disputar varios territorios importantes.

Al principio fueron pequeñas provocaciones. Después llegaron las amenazas. Finalmente comenzaron los ataques contra propiedades y negocios vinculados indirectamente a la banda.
Por primera vez en mucho tiempo, Leslie sintió que todo lo que habían construido podía derrumbarse.
Andrew se volvió más reservado. Pasaba largas horas reuniéndose con distintos líderes y desaparecía durante días enteros sin dar explicaciones. Cuando regresaba parecía agotado.

—Estamos entrando en una etapa complicada —le dijo una noche.
Fue una de las pocas veces que Leslie lo vio preocupado.
Ella sabía que Andrew no era una persona que se dejara intimidar fácilmente. Si él estaba inquieto, la situación debía ser realmente seria.

Los meses siguientes fueron caóticos.

La organización se dividió en facciones internas que competían por influencia. Algunos miembros abandonaron el grupo. Otros cambiaron de bando. Los rumores circulaban constantemente.
Leslie intentó mantenerse enfocada en los negocios legales. A diferencia de muchos otros, comprendía que la estabilidad financiera era la única forma de garantizar la supervivencia a largo plazo.
Pero incluso los mejores planes pueden verse afectados por circunstancias fuera de control.

Una madrugada recibió una llamada.

Andrew había desaparecido.

No estaba detenido.

No había sido visto en hospitales.

Nadie sabía dónde estaba.

Las personas más cercanas a él ofrecían versiones contradictorias. Algunos aseguraban que había abandonado la ciudad. Otros afirmaban que estaba escondido. También circulaban teorías más oscuras, aunque nadie podía confirmar nada.
Leslie pasó semanas intentando averiguar qué había ocurrido.
Movió contactos, pagó información. realizó preguntas que probablemente no debía hacer.

No obtuvo respuestas.
La ausencia de Andrew dejó un vacío enorme dentro de la organización.
Muchos de quienes antes le eran leales comenzaron a actuar por cuenta propia. Los conflictos internos empeoraron. Las empresas creadas para sostener la estructura financiera continuaron funcionando, pero el grupo ya no era el mismo.
Por primera vez desde que había llegado a Los Santos, Leslie se encontró completamente sola.

Aquella situación la obligó a reflexionar.
Recordó su infancia en Las Venturas, recordó las expectativas de sus padres, recordó la universidad, recordó a la joven que alguna vez creyó que abandonar todo era una forma de encontrar libertad.
Había conseguido dinero, influencia y respeto. Sin embargo, también había perdido años persiguiendo objetivos que ya no le parecían tan importantes.

Mientras la organización se fragmentaba lentamente, Leslie comenzó a tomar distancia.
Delegó responsabilidades. Vendió algunas propiedades. Reestructuró empresas. Creó nuevas sociedades comerciales completamente legales.
No fue un cambio inmediato ni sencillo. Le llevó años construir una vida más estable. Muchas personas del pasado siguieron buscándola por negocios, favores o viejas lealtades, pero ella aprendió a rechazar la mayoría de esas propuestas.

A los treinta años era una mujer muy distinta de aquella joven que había llegado a Los Santos con un camión y pocas expectativas.
Seguía siendo inteligente. Seguía siendo ambiciosa. Pero ahora entendía algo que antes ignoraba.
El verdadero éxito no consistía en cuánto dinero podía acumular una persona, sino en cuánto podía conservar sin vivir mirando por encima del hombro.

Aun así, había una pregunta que nunca logró responder.

Cada cierto tiempo, cuando el trabajo terminaba y la ciudad quedaba envuelta en silencio, pensaba en Andrew.
En el hombre que le había mostrado un mundo completamente diferente.
En el amigo que había cambiado el rumbo de su vida.
Y en la incertidumbre de no saber jamás qué ocurrió realmente con él.
Algunos misterios, comprendió con el paso de los años, no están destinados a resolverse. Algunos simplemente permanecen allí, acompañando a las personas como una sombra silenciosa que el tiempo.

La desaparición de Andrew marcó un antes y un después en la vida de Leslie. Durante meses intentó mantener la estructura que habían construido juntos, pero la organización comenzó a deteriorarse desde dentro. Los antiguos líderes ya no estaban, las disputas por el poder aumentaban y la desconfianza se había convertido en una constante. Leslie comprendió rápidamente que su situación era delicada: conocía demasiados secretos, demasiados nombres y demasiados negocios como para pasar desapercibida.

Con el paso del tiempo, algunos miembros de la organización empezaron a presionarla para que cediera el control de ciertas empresas y propiedades que administraba. Lo que comenzó como simples propuestas terminó convirtiéndose en amenazas indirectas. Fue entonces cuando decidió desaparecer antes de convertirse en un problema para alguien más poderoso.

Su salida no fue sencilla. Para desvincularse completamente tuvo que vender negocios, cerrar operaciones y desprenderse de gran parte de los activos que había acumulado durante años. Muchas propiedades fueron vendidas por debajo de su valor real y otras quedaron abandonadas para evitar conflictos. Entre pérdidas económicas, acuerdos apresurados y la necesidad de cortar cualquier vínculo con la organización, la mayor parte de su fortuna desapareció. Cuando finalmente logró alejarse, conservaba únicamente algunos ahorros legítimos y bienes personales. La riqueza que había acumulado ya era parte del pasado.

Sin llamar la atención, abandonó Los Santos y regresó a Las Venturas, la ciudad donde había nacido. Allí llevó una vida discreta durante varios años. Alquiló un pequeño departamento, evitó relacionarse con personas vinculadas a su antigua vida y mantuvo un perfil extremadamente bajo. Consiguió trabajos administrativos temporales y se acostumbró a una rutina sencilla, muy distinta a la que había conocido durante su etapa en Los Santos. Incluso sus padres desconocían gran parte de lo que había ocurrido durante su ausencia.

Aunque había recuperado cierta estabilidad, Leslie nunca llegó a sentirse completamente satisfecha. Por primera vez en mucho tiempo tuvo la oportunidad de reflexionar sobre las decisiones que había tomado. Se dio cuenta de que gran parte de su vida había consistido en seguir el camino marcado por otras personas: primero sus compañeros de universidad, luego su expareja y finalmente Andrew y la organización criminal. Nunca había construido un propósito propio.

Esa necesidad de encontrar un nuevo rumbo fue creciendo con los años. Comenzó a interesarse por instituciones donde la disciplina, el compromiso y el servicio tuvieran un papel importante. Después de vivir rodeada de personas que utilizaban el poder para beneficio personal, empezó a valorar la idea de formar parte de una estructura con reglas claras y objetivos definidos.

Fue así como surgió su interés por la SAFA. A pesar de todo lo que había vivido, Leslie nunca tuvo antecedentes penales ni causas judiciales en su contra. Siempre había permanecido en la parte administrativa y financiera de los negocios, evitando involucrarse directamente en actividades que pudieran vincularla legalmente con la organización. Sabía que su pasado no era perfecto, pero también sabía que todavía tenía la oportunidad de construir algo diferente.

Con esa idea en mente, tomó una decisión que habría parecido imposible años atrás. Dejó atrás la tranquilidad de Las Venturas y regresó a Los Santos. Sin dinero, sin influencia y sin los contactos que alguna vez la habían rodeado, volvió a la ciudad con un objetivo completamente distinto al que había tenido cuando llegó por primera vez. Ya no buscaba riqueza ni poder; buscaba un propósito.

Ahora, mientras observa una ciudad que alguna vez conoció desde sus rincones más oscuros, Leslie se prepara para comenzar una nueva etapa. Su meta es ingresar a la SAFA, demostrar que puede construir un futuro por mérito propio y dejar atrás definitivamente los errores que marcaron gran parte de su juventud. Después de todo lo que perdió, considera que esta es la primera decisión que toma únicamente por ella misma.